El centro educativo Las Palmas que se ubica en la vereda La Rivera municipio de Puerto Rico (Meta) no es una excepción en la profunda crisis en materia de educación que atraviesa el país y que se agudiza más en los sectores rurales; allí sólo hay dos formas de llegar, mediante los ríos Ariari y Guejar o por una precaria vía terrestre en muy mal estado.

Desde el año 2006 viene funcionando Las Palmas, inicialmente una escuelita primaria con una infraestructura artesanal construida por las comunidades que conforman las 15 veredas del sector Guejar quienes se benefician de este proyecto educativo, con el paso del tiempo y gracias al trabajo organizativo de los habitantes se adecuó para que preste un mejor servicio.

/ Henry Ortíz

Este centro educativo presta el servicio a más de 100 niños en los cursos de básica primaria y secundaria hasta noveno grado, igualmente funciona como internado luego  que la Embajada Americana donara los recursos para construir dormitorios y unidades sanitarias, sin embargo estas unidades a los pocos meses de instaladas colapsaron debido a su diseño urbano que para nada se adapta a las condiciones de un entorno rural; luego de 8 meses ninguna autoridad municipal o departamental ha tomado cartas en el asunto.

Esta no es su única problemática, el agua que consumen los alumnos se bombea desde fuentes y aljibes artesanales, en algunos casos sin ningún tratamiento el líquido es extraído directamente de los caños cercanos, ya que el sistema fotovoltaico de bombeó   subterráneo que en un principio abastecía la sede, dejo de funcionar por falta de mantenimiento.

/ Henry Ortíz

Las directivas del plantel educativo han enviado informes detallados del estado de la escuela a la administración municipal además se envió un mensaje de alerta a la Secretaría de Educación departamental donde se declaraba la emergencia sanitaria en el lugar sin respuesta oficial alguna, explican Gloria Ramírez docente de Las Palmas y Maritza Arias presidenta de la Junta de Acción.

Esta lista lamentablemente se engrosa ante la gran demanda estudiantil y la necesidad de mejorar su calidad, faltan aulas de enseñanza, salas de sistemas, de conectividad a internet, no existen espacios para el deporte, la cultura y la recreación. A pesar de todas estas falencias los alumnos poseen unos altos niveles en las pruebas SABER, una gran reflexión que le dejan a toda Colombia, ¿hasta cuándo las niñas, los niños y los jóvenes del campo tendrán que sobrevivir en medio de tanta desigualdad?

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